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Quién creó la novela Soy gitano

Soy gitano Construída por Adrián Suar Guion de Marcos Carnevale Marcela Guerty Apuntada por Jorge Nisco Sebastián Pivotto Jorge Bechara Individuos primordiales Osvaldo Laport Arnaldo André Juan Darthés Julieta Díaz Romina Gaetani Valentina Bassi Betiana Blum Malena Solda

En Na En la madrugada del 1 de agosto de 1944, 4 mil gitanos fallecieron en el campo de Auschwitz. Este delito pasó a la historia como ‘Zigeunernacht’, la Noche de los Gitanos. Los personajes principales se van a ver envueltos en un golpe de Estado para derruir la democracia en España y reemplazarla por una monarquía títere bajo el mando de los militares, con un rey sin poderes y presto a abdicar a favor de su hijo. Todos los tres individuos, Tano el gitano, un marginado popular que subsistió a Auschwitz, África, un espía en ascenso del CNI, y Paco Escorpión Dávila, un ex- vencedor de boxeo perjudicado por la patología de Alzheimer, relatan su una parte de la historia, una historia donde espías Se intercalan falsos etarras, islamistas norteafricanos y un conjunto de golpistas empeñados en cambiar ferozmente la narración de España. Desamor, amistad, traición, muerte, disparidad, sexo, crueldad y sacrificio acompañan a los tres personajes principales en su trayectoria hacia la ineludible destrucción. Solo la astucia salvará al mucho más humano de ellos. Aparte de ser un thriller oscurísimo en un marco histórico que varios investigadores políticos piensan viable, La Noche de los Gytanos es una novela política de enorme actualidad sobre el terrorismo vasco en España y el islamismo en el Magreb. Creador: García Francés, Alfredo ©2012, Adhara Publicaciones Diseño de portada: Fernanda Fernández-Bogotá ISBN: 9788493909611 Generado con: QualityEbook v0.66 ¿Quién mencionó que gana? La supervivencia lo es todo. Rainer María Rilke. Réquiem. Por el momento no hay patriotismo, pues por el momento no hay patria. José Horca. Letras marroquíes. Solo la gente que desean ser derrotadas tienen la posibilidad de ser derrotadas. Augusto Roa Bastos. Yo, el Supremo. En el momento en que la sangre corra por las calles, adquiera características. Barón de Rothschild. En el momento en que se dé la situacion, deberá ser la Corona la que, firmemente apoyada en las Fuerzas Armadas, sea la que salvaguarde la unidad de España si los políticos la ponen en riesgo y la Justicia no participa. Alegato del Teniente General José Mena, en reserva, frente al Consejo Superior del Ejército el 26 de octubre de 2005. Proseguiré esforzándome por sostener la promesa de que el Ejército desea, sabe y puede reaccionar antes que sea tarde para España. Carta del General de Brigada Blas Piñar al Consejo Superior del Ejército con ocasión del traslado a la reserva. GRACIAS a mi tía Inmaculada Mondragón y a mis primos Juan, Vicente y Mónica Francés, por tu cariño y por todas y cada una de las atenciones que le dedicáis a mi madre. Gracias por considerarme una parte de la piña. Para el doctor. Don Jesús Chamorro, infatigable lector y sabio reparador de todas y cada una mis pequeñas catástrofes cotidianas. En el BLOG y en FACEBOOK hay gente de la que aprendo todos los días, muchas gracias por vuestra paciencia y cariño. Asimismo hay players listados como amigos. A Luis Muñoz Deive, padrino cariñoso, espléndido, siempre y en todo momento preocupado por todos menos por sí solo. A Leda Calvo, querida madrina, hermana que va y viene pero siempre y en todo momento próxima y familiar. A Carolina y Marilyn García-Sicilia, enormemente contentos y también incondicionales, quienes nos acompañaron en nuestra alegría en Bogotá. A José María Ruíz y Chon, consagrados restauradores y distinguidos mecenas de las Cenas Aurelianas que, todos los años, llenan de gusto una noche de verano segoviana. Como siempre y en todo momento agradezco a mi mujer su eterno abandono pues escribo menos y sendero mucho más. Les digo que les hagan entender que ella es la mujer que mucho más amo en el planeta. Gracias, mi amor, lo voy a hacer. Capítulo 1 MILES de cuerpos volaron transformados en cenizas sobre las chimeneas del crematorio. Pero los recién llegados aún no sabían que su destino era contemplar de hollín los sucios bosques próximos, un verde degradado por el hollín humano. Era una cálida noche de agosto en el campo de Auschwitz-Birkenau. Los focos relucían de color azul sobre las vías, el alambre de púas y la insignia plateada de las SS. El tren siseó mucho más cerca bajo la luz de la luna y se detuvo con un chirrido en la mitad de los chillidos de los soldados. ¡Schnell, raus, raus! . Los ocupantes de los furgones de ganado salieron corriendo. Hombres y pequeños a la izquierda, mujeres al otro. Entre insultos y golpes se formaron columnas custodiadas por soldados con ametralladoras. Las órdenes crepitaban en la obscuridad desgarrada por focos que viraban sin rumbo, consumiéndose en la noche. Un oficial y sus asistentes, con batas de laboratorio sobre sus uniformes de las SS, preguntaban a voces si había gemelos en algún vagón. Los kapos, seleccionados entre los presos mucho más atroces de cada cuartel, apalean a los recién llegados haciéndolos seguir sin entender a dónde ir. En el tumulto, un adulto mayor tropezó con su maleta y cayó de bruces. Luciendo las calaveras de su traje, un alemán brincó con su peso sobre la espalda del adulto mayor que ululaba de manera aplastada mientras que la sangre afloraba de su boca y sus huesos se destrozaban con el chasquido de la metralla. Aún con vida, miró con desconcierto al joven oficial alemán. Él, sonriendo, armó su pistola y le disparó en la cara. El adulto mayor, reventando y devolviendo sangre, vio que la bala que lo mató se le metía en los ojos. Se realizó el silencio y los deportados avanzaban entre los perros que les rasgaban la ropa con los dientes. De nuevo, mucho más ladridos, ladridos de órdenes, tropezones y empujones mientras que cruzaban un arco de metal. Escrito en él y también iluminado por un foco, Arbeit macht frei. Tras el arco una enorme explanada y, a derecha y también izquierda, 2 gigantes corrales rodeados de vallas electrificadas de las que colgaban cadáveres chisporroteantes. En el centro de cada recinto una gigantesca montaña de ropa, zapatos, maletas y bolsos destripados, y frente ella, desnudos en la noche, los usuarios del tren previo. Los recién llegados, detenidos en el patio entre ámbas vallas, no comprendían el motivo de los conjuntos organizados por los nazis. De un lado, mujeres, pequeños, discapacitados y jubilados, del otro, hombres y ciertas preciosas jóvenes. Todos desnudos, arreados frente a los chillidos y patadas de los presos armados con palos. Tres SS, seguidos de un kapo, avanzaban entre la multitud con un perro pastor sujeto con una correa; Lo soltaron y el animal, hasta el momento relajado, corrió agitado entre las filas de presos. De súbito, se detuvo en frente de un hombre al que se encontraba gruñendo y ladrando, exponiendo sus colmillos babeantes. Un alemán se aproximó y anudó al animal, el resto lo prosiguieron a unos pasos de distancia. El kapo empujó al preso hacia adelante, pateándole el trasero. El policía soltó la correa y tomó el garrote del diputado. Pensando en esto, se paró en oposición al deportado desvisto y, de un golpe, le rompió la cabeza. Cayó fallecido. Riendo, los alemanes dejaron que el perro lamiera la masa cerebral desperdigada por el suelo. Conque se distanciaron comentando, intentando encontrar por dónde comenzar nuevamente el juego. El kapo lo prosiguió obedientemente, estaca en mano. Tras afeitarse, se movían de forma lenta; los hombres fuertes han recibido una chaqueta y un pantalón con la estrella de David y un número bordado, un sombrero, zuecos y un cuenco de metal. Entonces se tatuaron el número del traje en sus antebrazos y, en columnas de cinco en fondo, los nazis sacaron a múltiples miles del recinto. Quitaron a los bebés de los brazos de las jóvenes para entregárselos a las ancianas del enorme conjunto. Si aloquecían de pena, los kapos los golpeaban con sus palos, y si el mal no los aliviaba, un soldado les disparaba en la cabeza. Entonces, comandado por mujeres de las SS, el conjunto de mujeres desapareció entre las construcciones de ladrillo colorado. La multitud, compuesta por unas 4 mil personas, entre mujeres, pequeños, discapacitados y jubilados, fue conducida siguiendo unas flechas que señalaban “desinfección”; el alambre de púas en esa región, cubierto con telas impedía ver el otro lado de las puertas de ingreso. Al ingresar, se vio un camión de la Cruz Roja y ciertos oficiales nazis con máscaras de gas empujando a la multitud hacia una puerta de metal marcada como «duchas». La puerta se cerró tras los últimos deportados. En las paredes, las chimeneas despedían un humo dulce que llenaba la boca. Seis mil judíos procedían de los ghettos del corazón de Europa en el transporte previo y, excepto hombres y mujeres en edad laboral, el resto, unas 4 mil personas, morirían a las 4 horas de su llegada. Pero esto no lo sabían los que le proseguían y para todos los que enseguida comenzó exactamente la misma rutina. Sin cambios. Exactamente las mismas tundas, exactamente la misma tortura de seres horrorizados, exactamente la misma separación en conjuntos, y en el momento en que ahora estaban desnudos en frente de los muchos de sus pelos y ropas, otro tren silbó y un nuevo cargamento de esclavos y fallecidos vivientes empezó a descender. los furgones Todo se aceleró nuevamente; mucho más golpes, mucho más ladridos y mucho más órdenes rugientes… Empezó otro círculo infernal de 4 horas. Separaciones dolorosas, despedidas trágicas. Pero en esta ocasión, en vez de una estrella amarilla, las válidas tenían un triángulo negro invertido.Mujeres con uniformes de las Waffen-SS conducían a ciertas mujeres jóvenes y lindas entre las construcciones. Y para el resto, desnudos y horrorizados, empezó el sendero a las “duchas”. Les aseguraron que volverían por los uniformes y les brindaron un cordel para amarrarse los zapatos que recogerían tras la “desinfección”. Los calmó. No les podía pasar nada malo si debían ducharse y regresar a por sus zapatos. Sendero a las “duchas”, avanzaba una mujer con 2 pequeños; estaban desnudos y caminando en el final de la cola. La mayor aferrada a su cintura y la menor, una bebé de un mes, abrazada al pecho de su madre. No hacía frío, pero las mujeres de la fila, quizás por vergüenza, andaban cerca unas de otras. En silencio, moviéndose poco a poco. Sin deshacer la columna. Un kapo con un triángulo colorado marcado con la letra S les animaba a procurar no quedarse atrás. Levantó el garrote amenazadoramente. La madre lo miró sin sobresaltarse, metió la mano bajo la lengua, sacó 4 pequeños diamantes y, llorando, le entregó al niño. El kapo miró a su alrededor, bajó la estaca, levantó al niño y se retiró, escondiéndolo bajo su traje a rayas. En su puño apretó las 4 piedras hermosas. Quizás tu salvación. Ser kapo era una de las maneras de subsistir en los campos de exterminio merced a los permisos que los nazis daban a sus asistentes de verdugo. No obstante, ayudar con la matanza no en todos los casos garantiza la vida. La brisa traía vida al bosque, el fragancia a resina de pino, que ocultaba el fragancia del matadero. Antes del amanecer, los 4 mil gitanos del convoy fueron gaseados y quemados. Los sobrevivientes jamás olvidarían el golpe metálico de las puertas de la cámara de gas al cerrarse. Amanecía el 1 de agosto en el campo de Auschwitz-Birkenau. La historia lo recuerda como la Zigeuernacht. Noche de los Gitanos. Capítulo 2 De pronto, de Dios sabe dónde, una mano que no aguardaba alcanzó mi barbilla. Envuelto en cuero, explotó en mi cara, mandando cientos y cientos de gotas de sudor al aire, sumergiéndome en la obscuridad y realizando que mis rodillas se sintiesen como algodón. Groggy, no pude evitarlo y me caí. La lona olía a goma y cinta adhesiva. Vi al árbitro inclinado sobre mí, arrojándome a la cara con los dedos la cuenta mortal: 4, cinco, seis… Todavía había tiempo. «Debo levantarme», pensé. Antes debía tragarme las lágrimas envueltas en sudor y sangre, olvidar el mal del golpe y, más que nada, negar la iniciativa de correr a ocultarme en los brazos de mi madre. Me senté, mis sienes palpitaban por el pavor y los rugidos de la multitud, horrorizada por el hecho de que sabía que mi contrincante se apresuraría a terminar conmigo. Parado allí, mi corazón latía de manera fuerte en mi pecho mientras que el sudor me corría por la cara en la pantalla ante mí, solo vi una sombra turbia. Procuraría evitar su próximo golpe y conseguir el beneficio de arribar el mío. O, por lo menos, soportar hasta el desenlace de la ronda. Lo evité hasta el momento en que sonó el gong. Aterricé en mi taburete. Debí respirar hondo, tragarme la saliva que me obstruía la garganta como una esponja seca y, en el momento en que sonó el timbre, salir de la esquina para derruir al hijo puta que me rompió la mandíbula. Las expresiones de mi entrenador salieron confusas en la mitad de los abucheos de los espectadores. Me importaba una mierda mientras que sostuviera la bolsa de hielo en mi cara. Pero sesenta segundos pasan veloz. Ese Escorpión era un asesino rapidísimo, venenoso y mortal, pero con menos sabiduría que una mula lobotomizada. Caminar estúpidos y pendencieros, saltando, como canguros que atacan con los puños en prominente. A mi favor, la velocidad y la sorpresa en la cara de cualquier persona que piensa que su víctima está noqueada. Toqué mi cara para poder ver si todavía se encontraba allí. Lo era, sí, pero se sentía como un corcho. no lo sentí Progresar. Campana. Tres minutos para matarlo o lograr que me destroce. El tipo vino hacia mí tirándome puñetazos de todos y cada uno de los calibres. Lo esquivé, lo mantuve y, de pronto, me moví para arribar un derechazo con la íra de alguien que es dependiente de un solo golpe. Golpeó su nariz, que soltó un chorro de sangre. Quedó con la cabeza colgando, los ojos vidriosos y las piernas flojas sin poder mantenerlo. Aterrizó en la pantalla. Reprimir. Ganó agilidad y esgrima. Yo gane. En el momento en que logró levantarse, dejó el anillo directo a emergencias. Salió abochornado, intentando de sonreír con aire distraído y retrasado, con la cabeza caída sobre los hombros, deseando pasar inadvertido para los cuidadores. Como el ladrón de gallinas que, esposado por las calles de su localidad, desfila entre guardas civiles sendero del cuartel. — Mamá, soy Paco, gané, mamá bella! Chillé llorando en el teléfono. Soy el vencedor…! Bendiciones, por favor, mamá… Era 1964. Yo era boxeador y terminaba de ganar el Campeonato Panamericano de Peso Welter. Recuerdo realmente bien ese día. Me metí en el boxeo a través de mi tío y lo que comenzó como una manera noble de entrenar el deporte se transformó en una manera de ganarse la vida, de salir de los estrechos confines de una hostia limpia para devolverle a mi madre solitaria algo de lo que ella me dio. dio. había dado. Me sabía franco y intrépido, pero frágil. No debo exponerme a golpes pues alguno de ellos, por inofensivo que parezca, podría derribarme; por ende, en vez de emplear la fuerza salvaje y los golpes para ganar puntos, procuró la victoria en fuerza, agilidad y talento. De esta forma, sin prestar atención al público que clama sangre, siempre y en todo momento procuraba asestar un golpe que derruyera al contrincante. Lo noqueó rápida y limpiamente. Sin padecimiento, sin golpes. Permutando solo los peligrosos pero ineludibles golpes en la media distancia, en ese lote previo al clinch, donde las cabezas chocan como arietes intentando encontrar abrir las cejas a la inversa. Estilo, agilidad y habilidad. Es de este modo como yo boxeaba entonces. seguro de que me conozco Pues para ganarte la vida dándote una paliza, debes estar convencido, sentir en tu corazón y en tus supones que tienes madera de vencedor. Si no, es preferible escoger otro trabajo. No boxeo. Pienso que de ahí que los fanes de las 12 cuerdas me admiraban y todavía me recuerdan.

“Este teatro es un tesoro nacional”

Osvaldo Laport llegó al Teatro Seminari acompañado de su amigo Néstor Víttola, codirector artístico y solicitado de construir la programación del espectáculo. Los dos trabajan para sacar el máximo provecho al recinto rehabilitado, al que consideran «tesoro nacional».

«En el momento en que llegué ahora había un conjunto en el sitio que se encontraba dedicado y puesto en compromiso con la salón. Son sensibles, no solo en el precaución del patrimonio, sino están libres a oír mi experiencia de vida como artista”, afirma Laport, quien en el mes de mayo fue nombrado padrino y directivo artístico del teatro municipal.

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