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Por qué no me acuerdo de mi infancia

De pequeños tenemos la posibilidad de almacenar ciertos recuerdos que se borran en el momento en que dejamos la niñez, este fenómeno tiene por nombre ‘amnesia infantil’. Una hipótesis es que quizás la corteza prefrontal del cerebro no contribuya apropiadamente a la capacitación de la memoria en edades muy tempranas.

¿Cuál es tu primer recuerdo de niñez? ¿En algún momento te has cuestionado por qué razón es ese recuerdo y no otro?

Lidiar con la adversidad asimismo crea recuerdos positivos

Los recuerdos contentos de la niñez no solo surgen de vivencias positivas y gratificantes. Con frecuencia, la experiencia de un acontecimiento adverso y la manera en que lo encaramos asimismo nos entrega un enorme valor psicológico. Un caso de muestra de o sea padecer una pérdida en la niñez.

En ocasiones, la desaparición de un individuo cercano o el abandono de entre los progenitores nos da formas valiosas de lidiar con la pérdida y el desafío. Algo de esta manera hicimos con el acompañamiento del otro padre, nuestros hermanos, tíos, abuelos… Sólo algunas de las infancias son simples, lo entendemos. Pero en ocasiones algunos impactos nos hacen mucho más fuertes y nos presentan elementos sicológicos inusuales para medrar de manera sana, con valentía y promesa.

¿Qué causa el trauma infantil?

Existen muchos acontecimientos o ocasiones que tienen la posibilidad de ocasionar un trauma en la niñez, que nos puede continuar afectando bastante en la vida adulta. Ciertos son mucho más conspicuos que otros por el hecho de que hubo mucho más enfrentamiento popular sobre ellos, tanto por su régimen en los medios como por medio de la legislatura.

Pero el resto no tienen ese peso de reconocimiento popular, por de este modo decirlo, y asimismo tienen la posibilidad de ser realmente perjudiciales.

La melancolia emplea el cerebro

Hay 2 maneras de procesar la información en el cerebro. Por una parte, tendríamos la vía rápida, a eso que generalmente se llama “sistema límbico”. Podríamos decir que es la parte mucho más “reactiva” del cuerpo humano, se hace cargo de contestar de forma rápida a los acontecimientos externos. Por poner un ejemplo, si estoy caminando por el campo y hace aparición un animal belicoso, la persona tiende a enseñar formas de proceder de escapada, parálisis, combate, etcétera. Y es después que se pregunta ¿por qué razón hice lo que hice? Esto se origina por que el sistema límbico es el primero en recibir información del ambiente para accionar frente a una amenaza o estímulo de afuera, o sea, representa la parte mucho más instintiva del humano relacionada a las conmuevas básicas. Estas conmuevas están de manera directa similares con la motivación en el momento de estudiar vivencias como el temor, la furia, la alegría, la desconfianza, etcétera. En el momento en que un individuo siente una situación como amenazante, se crea una representación mental de la situación y se procura todo el tiempo buscar un fundamento hasta llegar a su procesamiento. Esta reacción y este intento de reconceptualizar la situación crea un recuerdo que se transforma en experiencia. Si el recuerdo es satisfactorio, la inclinación va a ser a no reaccionar emotivamente mediante malas intenciones. Si por contra no es satisfactorio, va a ser todo lo opuesto. Y ahí es donde entra la otra forma de procesamiento, el “razonamiento”, esto es, de qué manera interpretamos esa experiencia escencial que vivimos.

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