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Cómo referirse a una bruja

Brujas, hechiceras, ¿adivina qué, cariño? Existen muchos nombres para referirse a ellos.

Un enfrentamiento inconcluso: ¿por qué razón las sociedades prosiguen recurriendo a los mitos para castigar lo que se considera anormal? Esta situación fué tratada tanto en la literatura como en el cine. La situacion mucho más reciente es la película No soy hechicera (2017), de Rungano Nyoni, que se estrenará próximamente en México. El directivo zambiano cuenta la narración de Shula, una pequeña de ocho años que, tras un hecho en su localidad natal, es llevada a un juicio que la condena al exilio en un campo situado en el desierto.

Si bien a lo largo de un buen tiempo la creencia en las brujas fue aproximadamente inofensiva (eran temidas, en la antigüedad, como cualquier superstición; pero su predominación era cancelada, por su parte, con inocuos amuletos), pasado el siglo XIV y inapreciablemente, la superstición iba acompañada de fuertes y peligrosos prejuicios. Conocemos la crónica de los juicios por brujería y su encontronazo aún el día de hoy es visible en distintos grados, desde la utilización de expresiones recurrentes como «caza de brujas» para referirse a acusaciones fundamentadas en prejuicios, hasta (y hay que recalcar, esto pasa actualmente ) genuinas exclusiones sociales de las mujeres que, se teme, tienen capacidades mágicas.

Las falsas brujas

Feas, solitarias, malas, envidiosas, con verrugas, narices enormes, escobas y poderes malvados. Las brujas son aquellas que amargan la vida a las princesas codiciando su hermosura, su reino o su príncipe. A dios gracias, todos entendemos que estas “brujas” en diferentes instantes de la historia fueron mujeres de carne y hueso que fueron calumniadas, perseguidas y quemadas en la hoguera con el cuento -sin hadas madrinas- del demonio o del hechizo.

La crónica de las brujas es tan extendida como la narración de la raza humana pues, al final de cuenta, hablamos de la crónica de las mujeres. Pero tenemos la posibilidad de iniciar en la Edad Media. Las auténticas brujas eran mujeres generadoras de conocimiento. Ahora saben que no se nos dejaba dar de comer nuestro intelecto, con lo que cualquier mujer librepensadora y empoderada era homónimo de tener coaliciones con las fuerzas del mal. Muchas mujeres cultivaron entonces yerbas medicinales y se transformaron en curanderas, enfermeras y matronas. Ahora tenían entendimientos sobre fertilidad, aborto o sexualidad.

Qué bueno es ser hechicera…

En el momento en que era niño, recuerdo que todos los sábados o domingos por la mañana aguardaba con ansias ver Sabrina, la hechicera joven, un programa sobre una muchacha que vino de una familia de brujas, pero que vivía como cualquier ciudadano y guardaba su misterio siempre y en todo momento seguro.

Recuerdo que esto me resultó extrañísimo, pues para mí las brujas eran mujeres que volaban en escobas, con el pelo despeinado, una nariz grande, una verruga grande cerca de la boca y un sombrero puntiagudo; y ni Sabrina ni sus tías eran de esta manera.

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